El Haras | Cría

El suelo y la riqueza de sus madres

Una gran parte del haras está destinada a potreros, de no más de siete hectáreas y media, y a una innovación: 140 piquetes individuales, de poco menos de una hectárea, reservados para potrillos y yeguas recién paridas. Todos ellos, separados por un par de inofensivos hilos eléctricos, dan a las calles que a lo largo de la cabaña totalizan 26 kilómetros y son transitables, incluso, en los días de lluvia. Potreros y piquetes cuentan con exclusivos comederos de madera, para facilitar que cada caballo se alimente segú n las necesidades, de acuerdo a su contextura y estado, y bebederos de agua mineral potable, para los que hay una persona dedicada exclusivamente a su limpieza semanal. El agua corriente, tomada a través de bombas sumergibles que la elevan a tanques de hormigón, reemplazó a los molinos y tanques a cielo abierto y para llegar a cada potrero fueron necesarios 35.000 metros de caño negro. Es apta para consumo humano y se le realizan análisis bacteriológicos cada seis meses y físico-químicos una vez al año.

El haras, allí donde desde que se compró la primera hectárea se plantaron más de 30.000 especies, entre árboles y arbustos, cuenta además con un galpón de servicios, cuyo piso es de tartán, lindante a una sala veterinaria y de análisis; un galpón de partos, también con sala veterinaria y dos cuartos que conforman la sala de cirugía, equipada con los elementos más modernos y que fue tomada de ejemplo por otros establecimientos; padrilleras para cinco sementales; refugios para madres y sus productos, el quincho de recepción y las oficinas administrativas. También existen silos para almacenar 400 toneladas de avena y 60 toneladas de pellets de alfalfa, todo mecanizado y automatizado para la preparación de las raciones, además de moledoras, mezcladoras y máquinas de ventilación de cereales.

En Firmamento son más de noventa personas las que se complementan. Veterinarios, peones, herreros, serenos, el personal administrativo y aquellos que se encargan del constante mantenimiento componen más que un grupo de trabajo. Son una gran familia abocada a buscar lo más cercano a la perfección.

El físico, pedigree, campaña y temperamento son los atributos principales de Van Nistelrooy, el padrillo jefe de Firmamento, cuyos primeros hijos en la Argentina nacieron en 2009. Se trata de un padrillo probado, con madre por Halo, y cuya primera generación, la de 2007, fue una revelación tanto en el hemisferio Norte como el Sur, con ganadores en carreras de Grupo en los Estados Unidos, Europa, Australia y Nueva Zelanda. Su primera producción en la Argentina debutó en 2012, año en el que cuatro productos se convirtieron en ganadores clásicos.

Récord de remate de las ventas de yearlings de 2001 en los Estados Unidos y ganador de tres carreras a los dos años en Irlanda en seis presentaciones, incluidos el Galileo Futurity, de Grupo 1, y el Tyros Stakes, ambos clásicos sobre 1400 metros, Van Nistelrooy sirvió ya casi 400 yeguas en sus cuatro primeras temporadas en Firmamento. El haras complementa su producción ofreciendo sus otras yeguas entre Seattle Fitz, el mejor hijo de Fitzcarraldo en las pistas norteamericanas, que fue repatriado en 2010 desde el afecto y desde la convicción de todo lo que puede ofrecer, y los padrillos de La Mission, la estación de montas de la cual es accionista.

Una de las mayores riquezas de Firmamento son sus yeguas madres. El haras cuenta con alrededor de 250 y ellas representan una de las caras de la inversión y la renovación genética. La extensa lista incluye ganadoras de Grupo 1, como Halo Ola, Empeñosa Fitz, Miss Taylor y Kalath Wells, cuatro vencedoras de la Copa de Plata; Miss Bamba y Cachorra Wells, con triunfos en las Carreras de las Estrellas; madres de campeones, como Esnaola, que produjo a tres ganadores en el más alto nivel; ganadoras clásicas y madres de ganadores clásicos que fueron reservadas o incorporadas.

Desde los preparativos para el servicio hasta concretarse la parición, que desde hace unos años se efectí a a campo, para que resulte más natural y se reduzca la contaminación, nada se deja librado al azar. Hay un riguroso control sanitario, con la vacunación necesaria en todas las etapas. A las yeguas, por ejemplo, se les realiza un lavaje antes y después del servicio y se le controla la placenta después del parto. A los 60 días de confirmada la preñez ya se conoce el sexo de su cría. Los productos también reciben una atención especial en todo momento. A las 24 horas de nacer se les pasa plasma, que se extrae de caballos mestizos previamente confirmados como autoinmunes que también son criados en el haras, y desde ese momento se crían a campo. Por tres días, durante los que se le efectí an los análisis clínicos, están en un piquete junto con su madre. Luego son separados de a diez, guiados por una yegua veterana, la nodriza, y, ya destetados, a los seis meses, los machos ocupan piquetes exclusivos, a la espera de su preparación para la competencia o para la venta.

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