El Haras | Historia

Sueño, pasión y realidad

Al Sur de América existen tierras privilegiadas, por su composición, clima y belleza. No es casual, entonces, que la Argentina, en sus casi cuatro millones de km2 cobije a una raza, la de caballos de carrera, que genera respeto y admiración en todo el planeta, más allá de su condición de quinto productor mundial. Firmamento es el ganador de once de las últimas trece estadísticas nacionales y se ha convertido en un paraíso para la cría de campeones. Aquellas 180 hectáreas alquiladas al comienzo, hace poco más de tres décadas, se multiplicaron y hoy son cerca de 1000 propias, rodeadas de pinos, entre sierras y donde las manadas recorren sus notables y verdes praderas y llegan a perderse en sus quebradas, en las que también abundan las aves y las liebres. En Sierra de los Padres, a 420 km al sur de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, existe esa zona ideal para la crianza, con sus tierras fértiles y un clima benigno que son aprovechados por el valor técnico y humano de un equipo que trabaja con fidelidad e inmensa dedicación.

Con esfuerzo, pasión, perseverancia y constantes inversiones, el haras que nació hace como una aventura, como un hobby, pero encarado por Juan Carlos Bagó, su dueño, con mentalidad de empresario, se convirtió en una marca registrada. Desde aquellos comienzos, con Kalidoscópico convirtiéndose en el primer ganador de Grupo 1 criado por Firmamento y la potranca Kaltrue quedando en la historia como la primera en imponerse en el máximo nivel con la chaquetilla propia, hubo un crecimiento sostenido, impulsado por la entrega de un grupo heterogéneo, un eficaz control sanitario y la valiosa renovación tanto genética como tecnológica.

Cuando el trabajo de años se cristaliza con éxito en las pistas de cualquier hipódromo del mundo, en Firmamento se disfruta con intensidad. Es una sensación de que la perseverancia, la fidelidad y el compromiso de esa gran familia dan sus frutos. Así, el margen de incertidumbre que existe en la crianza de caballos de carrera se reduce en su camino hacia una perfección que es inalcanzable.

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